‘La Guerra árabe-judía en Palestina’
Declaración trotskista en 1948 sobre la refundación del estado sionista
El siguiente editorial apareció en la edición del 31 de mayo de 1948 de Militant, publicado por el Socialist Workers Party (EE.UU.) dirigido por James P. Cannon. En aquel momento, Militant era el órgano dirigente de la Cuarta Internacional, fundada una década antes por León Trotsky.
Las actuales intrigas de las grandes potencias y las maniobras furtivas en la ONU sobre Palestina reflejan la marcada brecha entre el imperialismo británico y estadounidense en este tema.
La posición británica en Oriente Medio se está debilitando constantemente como reflejo de la desintegración general del imperio británico y la quiebra del capitalismo británico. Incapaces de utilizar a los judíos como en el pasado, los británicos ahora están dando su apoyo a los gobernantes caciques feudales de los estados árabes, en un intento de fortalecer las bases imperiales británicas y su influencia en el área. El imperialismo de Wall Street por otra parte, ansioso por extender su dominio en esta sección clave del mundo y desalojar la supremacía británica, está tratando de utilizar a los judíos como chivo expiatorio de sus designios imperialistas.
La actual guerra judío-árabe, lejos de fomentar el sionismo reaccionario o impartirle una misión progresista, expone de manera flagrante que el programa de un Estado judío en Palestina y la guerra judía para este fin son reaccionarios y están en quiebra de principio a fin. El sionismo, lejos de resolver las dificultades judías, amenaza con provocar nuevos pogromos contra los judíos y involucrarlos en nuevas calamidades. El sionismo y el pequeño Estado judío deben convertirse inevitablemente en una herramienta del imperialismo estadounidense y en la agencia para facilitar la entrada de los bandidos de Wall Street en Oriente Medio. Además, es precisamente el sionismo el que solidifica constantemente la posición de los gobernantes árabes reaccionarios y les permite pervertir la lucha social en sus propios países y convertirla en una lucha común de los pueblos árabe y judío. A modo de ejemplo, el régimen reaccionario del rey Farouk de Egipto, gravemente sacudido en su país y enfrentando una creciente oposición de la clase trabajadora, pudo consolidarse y sofocar a sus oponentes de clase atrayendo la atención sobre su aventura militar contra el Estado sionista. De esa forma, el sionismo, que durante 40 años se ha presentado como el salvador de las masas judías, en realidad las ha llevado a un callejón sin salida.
¿No tiene el pueblo judío el derecho a la autodeterminación y a la condición de Estado como los demás pueblos? Sí, pero incluso si abstraemos esta cuestión de la realidad social antes mencionada, el hecho es que no pueden forjar un Estado a expensas de los derechos nacionales de los pueblos árabes. Esto no es autodeterminación, sino una conquista del territorio de otro pueblo.
Por estas razones, la promulgación sionista de un Estado judío y su guerra para mantener este Estado contra la oposición árabe es reaccionaria y no puede ser apoyada por el movimiento socialista.
Los gobernantes árabes tampoco están llevando a cabo una lucha progresista por la independencia nacional y contra el imperialismo. Con su guerra antijudía, están tratando de desviar la lucha contra el imperialismo y utilizan las aspiraciones de las masas árabes a la libertad nacional para sofocar la oposición social a su gobierno tiránico. Por eso su guerra contra el Estado judío carece de las características progresistas de una guerra nacional contra el imperialismo y no merece el apoyo de los trabajadores con conciencia de clase.
Estos hechos deben ser señalados a los pueblos afectados. Los elementos más previsores tienen el deber de alejar a sus respectivos pueblos de esta lucha fratricida, que sólo beneficia a los imperialistas y sus agentes. La única solución para Palestina es la unión de fuerzas de los dos pueblos para convocar una Asamblea Constituyente y establecer mediante decisión democrática un Estado palestino independiente, y la organización de una lucha para derrocar a todos los imperialistas.
Las fuerzas socialistas en Estados Unidos y en todo el mundo deben al mismo tiempo redoblar sus esfuerzos para que el amplio movimiento obrero asuma la lucha por abrir las puertas de Estados Unidos, Gran Bretaña y de todo el mundo a las víctimas del hitlerismo.
La realización de estas tareas seguramente entraña grandes dificultades. Pero no hay atajos para resolver el problema judío.
El chovinismo y la dependencia de los imperialistas sólo conducirán a mayores desastres y matanzas. Las masas judías torturadas únicamente pueden resolver sus problemas forjando una alianza con los movimientos obreros y socialistas, no mediante acuerdos y maniobras con los imperialistas.
